Los contratistas utilizan cada vez más robots para las labores pesadas de la construcción. Algunos trabajadores lo ven como un ahorro de trabajo, otros, como una amenaza. 

A orillas del lago Michigan, 20 albañiles ponen los ladrillos para un dormitorio tan grande como tres campos de futbol, en la Estación Naval Great Lakes, en Illinois, EE.UU. Un robot llamado SAM realiza el trabajo duro.

SAM, un brazo metálico en forma de garra que se extiende desde una jaula. Se mueve hacia atrás y hacia adelante a lo largo de las paredes unta y coloca un ladrillo cada ocho a 12 segundos. Cerca, otro robot llamado MULE usa un brazo corpulento de tres metros para levantar bloques pesados de cemento.

Ninguno de los robots se toma días por enfermedad y pueden trabajar todo el día. “Se trata de la confiabilidad y certeza de que el trabajo será realizado”, dice Tyler Shawcross, gerente de proyectos en Clark Construction, el contratista gigante que co-supervisa el proyecto de la Marina.

La confiabilidad es un problema común en la industria de la construcción, responsable de casi 10 billones en gastos globales anualmente.

La mayoría de los grandes proyectos de construcción rebasan el presupuesto y tardan un 20% más de lo esperado, según la firma de consultoría McKinsey. El problema se debe en parte a una escasez de mano de obra. 

En agosto, 7.1 millones de trabajos de construcción se quedaron sin cubrir, y 80% de las empresas dicen que luchan por reclutar y contratar personas, según una encuesta de Autodesk y de Associated General Contractors of America.

Los inversionistas creen que la tecnología puede solucionar algunos de los problemas de la industria de la construcción. El año pasado le inyectaron 3,100 millones de dólares a startups tecnológicas centradas en todo, desde software de programación de construcción hasta fábricas que producen viviendas prefabricadas o robots como SAM. 

“En los últimos tres años ha habido una transformación enorme”, dice Scott Peters, cofundador de Construction Robotics, basada en Victor, N.Y., y fabricante de los robots SAM y MULE. “La mayoría de la gente entiende que se necesita un cambio”.

Por: Jennifer Alsever

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