Alberto Lastra
CEO de ArchiTex LLC

  • ¿Qué pasará con una economía cifrada en el petróleo, la producción de autos, camiones, aviones y más?
  • ¿Quién ganará en esta transición?
  • ¿Cómo prepararnos mejor para el mundo que viene?

Me pregunto si estamos realmente conscientes de lo que está pasando.

El presente tiene la característica de ser siempre borroso. Una suma de impresiones imprecisas. Sólo el tiempo pone las cosas en perspectiva.

Desde un punto de vista panorámico, más allá de la infame pandemia, estamos en un tránsito mayor entre dos eras. En medio de un cambio mayor en las reglas que rigen el mundo, al menos nuestro mundo humano, la sociedad, la civilización, la forma en que funciona la vida.

Para quienes nacimos el siglo pasado, es importante entender que vivimos durante la época dorada de la era industrial. La cima de la conquista del hombre sobre la tierra. Dominamos la producción de bienes y servicios, anulamos diferencias y distancias para comerciar en una red infinita de soluciones. Globalízanos la economía y reducimos el mundo a una comunidad enlazada e interdependiente. Enormes logros.

En lo negativo, abusamos el planeta, comprometimos sus recursos, no fuimos capaces de integrar al bienestar a la mitad de la gente, nuestra educación quedó rezagada del progreso. Casi nadie entendió exactamente dónde habíamos llegado. Toda cúspide tiene una caída, y la era industrial cae ante su propio peso, y de alguna forma ante su propio éxito.

Paradójicamente la pandemia es producto de la red neuronal en el mundo, se propagó a la misma velocidad que los humanos viajamos e intercambiando bienes y servicios.

No nos aniquilará el Covid 19, en lo absoluto. Su efecto será simplemente la inminente caída del sistema como lo conocimos, como lo construimos. Hace al menos diez años que el modelo se agotó, y solo la
ambición de los grandes capitales lo ha mantenido marchando.

La pandemia es resultado de nuestro éxito global. No es un castigo, es un factor de cambio que nos lleva aceleradamente a un cambio de era.

Entramos de lleno en la era del conocimiento, era digital, o era de la comunicación, ya se acordará un título para esto, aunque lo importante será el cambio profundo en las estructuras de la sociedad y su orden.

En esta nueva era, que no, no es desconocida, (tenemos veinte años conviviendo con ambas, disfrutando sus ventajas y sufriendo sus efectos),
resulta que la tecnología digital, facilita enormemente los procesos. Ya lo habíamos notado. En otras palabras, nos soluciona la vida con mínimo esfuerzo, pues nos evita hacer muchas cosas de manera presencial.

Hoy compramos por internet, interactuamos, asistimos a eventos y seminarios, recibimos clases, y hasta nos enamoramos o tenemos sexo virtual… bueno, tal vez no todo el mundo, aunque esto es real en el mundo de hoy. – Y hacemos todo esto sin barreras geográficas ni pasaportes- somos ciudadanos de la aldea global.

Como una consecuencia de la pandemia, nos hemos confinado en casa, quizá exageradamente, pero es un buen simulacro del futuro inmediato. ¡Cada vez necesitamos desplazarnos menos!

¿Qué pasará con una economía cifrada en el petróleo, la producción de autos, camiones, aviones y más?

Una economía basada en el dinero y su acumulación exitosa, en el consumo y el reciclado constante.
En la nueva era, simplemente necesitamos menos. Menos autos y gasolina, menos viajes, al menos de negocios, menos ropa y menos bienes suntuarios. La vida se hará más sencilla de muchas formas. Necesitaremos menos centros comerciales y salas de cine, edificios de oficina y escuelas, universidades…. menos carreteras, menos ciudades!

Ya no será necesario vivir en la ciudad. Muchos buscarán salir del enclave urbano y reencontrarse con la naturaleza. Quizá vivir en granjas familiares o personales con algo de producción de alimentos, intercambio con los vecinos y bailes de sábado, algo muy similar al tiempo de nuestros bisabuelos.

¿Quién ganará en esta transición?
Todos. Pero más que nadie, el planeta. La tierra a la que hemos abusado sin límite en la demanda de recursos y materias primas, quema de hidrocarburos y mucho más. Pero también ganaremos mucho los humanos. La nueva era fomentará familias más unidas y presentes, más tiempo libre y más contacto con la naturaleza. Mayor acceso al conocimiento y seguramente, mayor igualdad en los niveles de vida. Ganaremos menos, trabajaremos menos, gastaremos menos. Deberemos menos y me parece que nuestras vidas se aligeraran de muchas cosas que cargamos innecesariamente.
Claro, esto no pasará de la noche a la mañana, y habrá un periodo de asimilación a esta realidad inminente. Muchos lo vivirán como el fin del mundo, en angustia y miedo, aferrados a un status quo que termina. De ahí la importancia de ubicarnos, de comprender la profundidad del cambio que estamos experimentando.

Para quien esté dispuesto a dejar ir lo que ya no necesitará, el viaje será una aventura y un encuentro con una vida más apacible y un enorme potencial de desarrollo humano. Para quien se aferre a vivir en lujo y consumo, la experiencia será un camino de pérdidas y vacíos muy duro.

Algunos nos adaptaremos con facilidad al cambio, otros lo sufriremos mucho.

¿Cómo prepararnos mejor para el mundo que viene?

  • Busquemos migrar a la economía digital. – Los negocios y servicios en línea serán el futuro, ya lo son.
    Seamos inteligentes, soltemos lo que no ocupamos más, y esto alcanza muchos órdenes. El viaje será mejor ligeros de equipaje.

No nos aferremos a un tiempo que agoniza, es el fin de una era exitosa y peligrosa, es el principio de una era que promete un renacimiento de lo humano y un reencuentro con el orden básico de la vida. Paradójicamente, la
tecnología nos acercará a ese encuentro inevitable.

Seamos pioneros de una era de racionalidad, de encuentro con nosotros mismos, de libertades mayores en nuestro aprovechamiento del tiempo y la vida. Hemos vivido empeñados, esclavizados a relojes y rutinas, deudas y exigencias absurdas, atados a una rueda que nos hizo trotar cada día sin llevarnos a ningún lado realmente. Un desgaste inútil en aras de una economía cuyo producto principal, fue el ser humano.

Bienvenidos al futuro.
Ya está aquí, y francamente pinta bien.

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